Salmo 131
El Salmo 131 refleja la humildad y la paz interior del alma que confía plenamente en Dios. Descubre cómo este breve pero poderoso salmo nos enseña a vivir con sencillez y serenidad.
1 Canción de los escalones, de David. Hashem, mi corazón no es altivo, ni mis ojos altaneros; ni ando en pos de grandezas ni de cosas demasiado sublimes para mí.
2 En verdad que he calmado y aquietado mi alma como un niño lactante con su madre, como un lactante está mi alma dentro de mí.
3 Espera, Israel, en Hashem, desde ahora y para siempre.
Libro 5 ✡️ Día Shabat ✡️ Día 27 del mes
____________________________________________
✡️Salmo 131 Comentarios✡️
Resumen del Salmo 131
El Salmo 131 es una expresión de humildad y paz interior. El salmista declara que no es arrogante ni busca alcanzar grandezas que están fuera de su alcance. En cambio, ha calmado su alma, comparando su tranquilidad y confianza en Dios con la serenidad de un niño que ha sido destetado y está en paz.
El salmo concluye con un llamado a todo Israel a confiar en Hashem desde ahora y para siempre. Es una meditación sobre la humildad, la simplicidad y la completa confianza en Dios.
Puntos importantes del Salmo 131
- Humildad del corazón: El salmista comienza declarando que su corazón no es altivo ni busca grandezas que están más allá de su capacidad, expresando una actitud de profunda humildad (versículo 1).
- Shalom interior: El salmo compara la paz (Shalom) del alma del salmista con la de un niño destetado, una imagen de tranquilidad, confianza y satisfacción en la providencia divina (versículo 2).
- Confianza en Dios: El salmo concluye con un llamado a todo Israel a confiar en Hashem, no solo por el presente, sino para siempre, mostrando que la paz interior proviene de la confianza continua en Dios (versículo 3).
Comentarios de los Sabios sobre el Salmo 131
Rashi:
- «Mi corazón no es altivo» (v. 1): Rashi explica que el salmista, probablemente el rey David, está afirmando que, a pesar de su posición, no tiene arrogancia en su corazón. No busca alcanzar grandezas fuera de su control, sino que se ha contentado con su rol y confía plenamente en la providencia de Dios.
Ibn Ezra:
- «Como un niño destetado» (v. 2): Ibn Ezra interpreta la comparación del niño lactante como una metáfora de la tranquilidad y dependencia total en Dios. Así como un niño pequeño depende completamente de sus padres, el salmista ha aprendido a confiar completamente en Dios sin preocuparse por lo que está más allá de su control.
Radak:
- «Ni ando en pos de grandezas» (v. 1): Radak comenta que el salmista ha aprendido a no buscar cosas que están fuera de su alcance o que podrían conducir a la arrogancia. Su objetivo es vivir con sencillez y humildad, reconociendo los límites de lo que puede y debe buscar.
Malbim:
- «Espera, Israel, en Hashem» (v. 3): Malbim señala que el llamado final a Israel es una enseñanza sobre la importancia de la confianza a largo plazo en Dios. Así como el salmista ha encontrado paz en su dependencia de Dios, el pueblo de Israel también debe encontrar paz en su fe y esperanza en la providencia divina.
Comentarios rabínicos sobre el Salmo 131
- Talmud Bavli, Sotá 5a: El Talmud cita este salmo en el contexto de la humildad, enseñando que la verdadera grandeza radica en la humildad y la simplicidad. Aquellos que no buscan arrogancia o grandeza mundana encuentran verdadera paz y satisfacción en su relación con Dios.
- Midrash Tehilim 131: El Midrash resalta que la imagen del niño destetado no es solo una referencia a la paz interior, sino también a la madurez espiritual. Un niño destetado ha aprendido a confiar en su madre sin la necesidad constante de ser alimentado, lo que refleja la evolución espiritual del salmista hacia una confianza total en Dios sin depender de resultados inmediatos.
Simbolismo cabalístico en el Salmo 131
En la Cabalá, el Salmo 131 es un reflejo profundo del concepto de Bitul (anulación del ego), donde el individuo aprende a someter su voluntad personal a la voluntad divina, eliminando cualquier rastro de orgullo o deseo de control. El «corazón no altivo» y los «ojos no altaneros» simbolizan la renuncia a las ambiciones desmedidas y a la autoexaltación, elementos que suelen alimentar el ego y alejar al individuo de una conexión genuina con Dios.
La imagen del «niño destetado» se asocia con Maljut (reino), la sefirá que representa la receptividad y la humildad. Así como Maljut no tiene luz propia y depende de las sefirot superiores para recibir su sustento, el salmista expresa su completa dependencia de Dios para su bienestar espiritual y emocional. Esta postura refleja un nivel elevado de confianza y fe, lo que en la Cabalá es visto como el estado ideal de la relación entre el ser humano y lo divino.
La referencia al «niño destetado» también alude al concepto de crecimiento espiritual. Mientras un bebé depende completamente de la leche materna para sobrevivir, un niño destetado ha alcanzado un estado de independencia, pero sigue confiando en su madre. Esto refleja la evolución del alma, que, después de un proceso de maduración espiritual, confía en Dios sin la necesidad constante de signos o evidencias inmediatas. Esta confianza serena es el resultado de la integración de las sefirot de Biná (entendimiento) y Jesed (misericordia), lo que permite una percepción más profunda y una conexión más íntima con lo divino.
El llamado final, «Espera, Israel, en Hashem,» se asocia con Yesod (fundamento), que canaliza la energía divina hacia Maljut (el reino físico). La espera en Hashem, que implica confianza y paciencia, refleja la alineación con el flujo continuo de la bendición divina que llega a la tierra a través de las sefirot.
Relación histórica del Salmo 131 con la Torá y el Tanaj
El Salmo 131 resuena con la enseñanza general de la Torá sobre la humildad y la confianza en Dios. En Números 12:3, Moisés es descrito como «muy humilde, más que todos los hombres sobre la faz de la tierra,» lo que subraya que la verdadera grandeza radica en la humildad y la devoción a Dios. Así como Moisés no buscaba poder ni grandezas por sí mismo, el salmista expresa la misma actitud de humildad, renunciando a la ambición personal y confiando completamente en Dios.
Además, la imagen del «niño destetado» recuerda las etapas de crecimiento espiritual por las que el pueblo de Israel ha pasado en su relación con Dios. Así como un niño debe aprender a confiar en su madre incluso después de ser destetado, Israel debe confiar en la providencia divina, incluso en momentos en que los milagros no son evidentes. Esta confianza inquebrantable es un tema central en las enseñanzas de la Torá, como se ve en Deuteronomio 8:3, donde se menciona que Dios hizo que Israel dependiera de Su palabra en el desierto, más allá del sustento físico.
Costumbres y usos asociados al Salmo 131
El Salmo 131 es recitado en momentos de introspección y meditación sobre la humildad y la confianza en Dios. Es común recitarlo en ocasiones en las que se busca calmar la mente y el espíritu, especialmente en situaciones de estrés o ansiedad, donde el alma necesita aquietarse como el «niño destetado» que confía en la protección y provisión divina.
También se utiliza en contextos de crecimiento espiritual, donde se reflexiona sobre la importancia de no buscar logros que estén fuera de nuestro alcance y, en cambio, confiar en el plan divino. Este salmo es apropiado para recitar cuando uno busca liberarse de las presiones del ego y las ambiciones excesivas, deseando encontrar paz interior y aceptación del momento presente.
Lecciones del Salmo 131 para la vida práctica
- Humildad auténtica: El salmo nos enseña que la humildad es clave para una vida espiritual profunda. No se trata solo de renunciar al orgullo, sino de aceptar con serenidad que no necesitamos buscar grandezas que están fuera de nuestro control. La verdadera paz se encuentra en vivir con sencillez y humildad ante Dios.
- Paz interior: La imagen del «niño destetado» es una lección poderosa sobre la tranquilidad que viene al confiar plenamente en Dios. Nos recuerda que podemos calmar nuestras preocupaciones y ansiedades cuando confiamos en la providencia divina, sabiendo que Dios proveerá lo necesario para nuestras vidas.
- Confianza continua en Dios: El llamado a Israel para esperar en Hashem «desde ahora y para siempre» es una lección sobre la importancia de mantener una fe constante, incluso cuando no comprendemos todos los detalles del plan divino. La espera activa y confiada en Dios trae paz y esperanza.
- Renunciar a las aspiraciones innecesarias: El salmo también nos enseña a no obsesionarnos con ambiciones que exceden nuestras capacidades o responsabilidades. Debemos aceptar que ciertas cosas están fuera de nuestro control, y confiar en que Dios nos guiará hacia lo que realmente necesitamos.
Conclusión
El Salmo 131 es un breve pero profundo canto de humildad y confianza en Dios. Nos invita a cultivar una actitud de paz interior y dependencia total en el Creador, alejándonos de las ambiciones innecesarias y de las preocupaciones del mundo.
A través de la imagen del «niño destetado», el salmista nos enseña que la verdadera serenidad se encuentra en una vida de humildad y fe. Al recitar este salmo, somos llamados a vivir con una confianza tranquila en Dios, sabiendo que Él cuida de nosotros y nos guía, ahora y siempre.
